miércoles, 19 de febrero de 2014

Mi amigo Fray Porciúnculo

Mi intensa búsqueda espiritual, me llevó a dar cierta vez con un fraile que tomó el nombre de Fray Porciúnculo. Pasé algunas jornadas de reflexión y tradicionalismo con él y sus hermanos.
Hace algunos días, revisando una pila de papeles de esas que se van juntando en el suelo de mi habitación, encontré la fraternal carta que me envió en respuesta a la mía. Por entonces apenas conocía la existencia del convento por su fan page de Facebook, por los ingeniosos y reflexivos tuits del prior, por los cantos que subían a MySpace, los videos vocacionales que subían a las cuentas de YouTube y Vimeo y por los breves pero interesantes posts de sus blogs. Y también por las homilías del prior subidas a Gloria.tv.
En fin, quisiera compartir con ustedes algunas líneas de la epístola de mi buen amigo Fray Porciúnculo. En su momento me impactó el lenguaje directo y confianzudo, poco propio del fraile tradicionalista, que está acostumbrado al lacónico fraguar del latín.
Aquí, las prometidas líneas:
"Te cuento que mi jornada se distribuye según la Liturgia de las Horas Tradicionalista (esa que fue abolida por El Concilio), que empieza a las tres de la mañana con una sesión de 120 latigazos (con la espalda a Oriente) y te va interrumpiendo durante todo el día."
"Lo más importante: es súper tradi; mucho inglés y latín, incienso hasta el sofocamiento, guitarra acústica y mucha oración y meditación zen."
"A la tarde dormimos la siesta y a la noche vemos películas religiosas o con enseñanzas positivas."
"Ah, y me olvidaba de la misa, que va intercalada en el medio de la jornada."
"Los sábados también hacemos gimnasia (ponemos 'ejercicios espirituales' para que quede bien en el cronograma semanal), por esta cuestión de 'menso sano con cuerpo sano'."
"Bueno, espero que te haya gustado mi jornada, me encanta compartirla con hermanos de otras creencias y ver de qué manera podemos ayudarnos todos juntos a sentirnos mejor con nosotros mismos para integrarnos armoniosamente en el universo cósmico."
Mi experiencia con el látigo se limitaba a las apologías de un Supermanerario de foro, de esos que participan en las marchas del Orgullo Laico portando los de los Orangemen. 
Pero en el convento la cosa era diferente; primero, por el giro de 360 del "estilo", como lo llama Batiushka. El ambiente, enrarecido por el incienso (luego me enteré de que por austeridad los pobres frailes usaban repelente de mosquito), favorecía la psiquis y ayudaba a entrar en clima de aletargo mental, el cual es muy propicio -y no sé si fundamental también- para la caza de pecados, o de proyectos de pecado. Pero hay que aclarar que para ello es necesaria la administración hábil y eficaz del instrumento.
Hablando del incienso, una cosa que buscaba era eso: el cambio de estilo en la espiritualidad. Bendiciones apostólicas en las paredes, fotografías glamorosamente encuadradas de pinturas famosas del Vaticano, los retratitos del prior, venerable fundador de esta pequeña comunidad... Y hasta las recetas de la cocina estaban en latín; todavía recuerdo el altercado que tuve con el cocinero por no poder hacerme comprender (el pobre ignorante no entendía la restituta).
Pero lo más impactante era el clima de oración que se vivía en el convento. Para el caso, se me proporcionó una pila de papeles para meditar sobre mí mismo durante la semana que estuve allí. Me fue inmensamente más fructífero que el anagrama de los ejercicios jesuíticos. Todo un avance en la técnica.
Y finalmente, la Misa: vela, cirio, tenebrario, lamparita, foco, reflector... Todo lo que fuera capaz de albergar y emitir luz era utilizado en la liturgia. En fin, muy austero todo, de acuerdo a la espiritualidad que han rescatado de la Cartuja y la Trapa. No quiero adelantarme demasiado en el tema, porque planeo retomarlo más adelante para relatar la experiencia con más detenimiento.
La gimnasia es una parte fundamental en la vida de los frailes. La trabajada elongación les permite realizar reverencias más profundas durante el Oficio y luego poder meditar sentados sobre sí mismos con una buena postura corporal (que es fundamental para lograr una buena respiración) sin ser afectados por el calambre. Y además les sirve para desarrollar otras habilidades necesarias para la vida monástica que ya pueden imaginar.
Por último, el enfoque cósmico de Fray Porciúnculo me dejó pensando en aquel pasaje de la Escritura que los quisquillosos del koiné traducen como "Fuego del Cosmos"...

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